Eso que te gusta y divierte

—¿Por qué es necesaria tanta papelería?
 —En realidad, no es necesaria —dijo el hombre de recio aspecto, traje negro y elegante peinado digno de un empresario— solo la coloco aquí porque así pocos me piden que haga otras cosas.
 —Pero, eso no tiene sentido. El objetivo es dirigir. Dirigir para que otros puedan hacer su trabajo sin preocuparse por el orden y coordinación del resto —contestó extrañado el joven discípulo mientras yacía sentado en una de las sillas de la oficina, decorada con todo tipo de motivos de madera.
 —Eso piensas porque eres joven. Escúchame bien, un día de estos heredarás mi puesto. Y quiero que seas no solo un buen dirigente, sino el mejor. Quiero que lleves esta empresa a un nuevo mundo —dio un fuerte suspiró y continuó—. En otras palabras, quiero que la empresa gane mucho más dinero para que así yo pueda gastarlo en casas de playa y toda clase de automóviles cuando me encuentre jubilado.
 —Pero ¿Cómo voy hacer eso si me estás diciendo que no trabaje?
 —No, no, no —replicó mientras movía un dedo de lado a lado. Hizo un pausa para acomodarse en su silla de cuero y posar los brazos sobre el escritorio—. Yo nunca te he dicho que no trabajes, solo te quiero enseñar los pequeños trucos que he aprendido con el tiempo. Uno de ellos, y tal vez el más importante, es lucir muy ocupado.
 El joven discípulo intentó hacer una cara de incredulidad, pero ya la tenía tan bien dibujada en el rostro desde que esa charla comenzó que fue en vano.
 —No importa tu puesto, tienes que hacer ver que trabajas mucho, sin hacer trabajo en realidad. Tener muchos papeles apilados en tu oficina prevendrá que otros vengan con solicitudes, porque al ver tu escritorio tan ocupado se sentirán mal de ponerte más trabajo y simplemente lo harán ellos mismos.
 »Aún así, cualquiera te puede atrapar si andas de aquí a allá fuera de tu oficina. En estos casos, lo mejor es cargar una caja con documentos o varias carpetas. Hay que caminar muy formal y poner cara de preocupación. Eso denota que estás trabajando arduamente. Al final del día podrás retirarte, cobrar unas monedas más y usar toda esa energía que ahorraste en no trabajar, solo aparentarlo, en cosas que realmente te gustan y divierten.
 El joven se paró lentamente, caminó hacia la puerta de la oficina y mirando por sobre el hombro exclamó:
 —Si el trabajo no es "eso que te gusta y divierte" entonces hice algo muy mal en un punto determinado de mi vida. Y tengo que volver desde cero.