Introdujo la mano en el bolsillo del pantalón y sacó unas monedas.
—¿Cuánto es? —le preguntó al empleado en frente de si. Este tecleó algo y de repente se mostró el resultado en una pequeña pantalla.
—Aquí tiene —continuó Sor mientras tomaba una bolsa y se retiraba con los productos necesarios de toda casa. Antes de salir del local escuchó un ruido sordo al fondo. Se giró y vio que una gran masa de gente corría hacia el. No, corrían hacia la salida. El ruido sordo de nuevo. «Son disparos» pensó rápidamente. Tomó su bolsa con gran fuerza y se echó a correr. Justo antes de pasar por la gigantesca salida de esa gran tienda, un tumulto de personas armadas se alineó y dieron unos disparos al aire.
—Cierra la cortina, cierra la cortina —se escuchaba que alguien gritaba en el fondo. Sor se giró y vio que un grupo de empleados había abierto un compartimiento en la pared, un panel y un par de botones era todo lo que alcanzaba a ver.
Con gran velocidad cayó una gigantesca cortina, separando a las personas armadas de los empleados y clientes de esa tienda. Sor intentó avanzar hacia la otra salida, pero había demasiada gente a su alrededor. Intentó ser amable. Unos minutos más tarde ya estaba empujando a otras personas sin compasión. No soportaba estar encerrado. Tenía que salir de ahí.
Nuevamente se oyeron disparos al aire.
Los clientes y empleados estaban agachados. Todos temblaban y algunos lograban pronunciar un ligero murmullo dentro de todo ese caos. Sor no. Sor era el único completamente erguido. Estaba más preocupado buscando una salida. Avanzaba entre las personas, por veces pisaba a algunos, pero ignoraba sus gritos y reclamos. «Una salida, tiene que haber una salida por aquí» era lo único que le cruzaba por la mente.
Vagó por la gran tienda, pasó por el mismo lugar varias veces, era el único que se movía. En todas partes, los clientes estaban escondidos entre los grandes mostradores de comida y los empleados habían logrado apretujarse en el departamento de ropa.
Pasaron los minutos. Todos empezaron a ponerse de pie. Abrieron nuevamente la gran cortina y Sor corrió rápidamente hacia la salida. Corrió y corrió. Se subió a su automóvil y condujo a gran velocidad a un parque cercano. Se estacionó sin cuidado y bajó corriendo del auto. Se paró en el centro de ese parque enorme lleno de árboles y dio una gran aspiración. Esperó. Expiró fuertemente.
Se quedó admirando el paisaje sin siquiera mover un músculo y de repente exclamó.
—Olvidé comprar leche.