—¿Y como logras enfocarte? ¿Cómo logras vivir de esa manera? —decía preocupadamente.
—Es más sencillo dejar ir cosas que no puedo controlar y hacerme a la idea de que, realmente, no puedo controlar nada. Lo único que hago es prestar atención al presente. Y actúo conforme se va sucediendo.
—Pero, ¿Qué hace que te levantes por las mañanas?
—Las ganas —dijo mientras acariciaba la cabeza de su joven y curioso alumno—. Las ganas de ver que sucede a continuación. Ver y experimentar que harán mis alumnos hoy. Es por eso que no dejo tareas, no planeo siquiera clases. Yo no soy un profesor que les enseña las cosas que la humanidad sabe del mundo, no. Yo solo estoy aquí para demostrar que ustedes mismos pueden aprender. Que no es necesario tener a alguien enfrente y hablando. El ser humano es curioso por naturaleza. Solo que, rodeado de tanta tecnología y comodidad, ha olvidado esa naturaleza. Yo estoy aquí para recordarte eso, a ti y a todos tus compañeros.
El niño asintió enérgicamente y se echó a correr. El maestro lo miró, suspiró y decidió correr tras el. «Qué bien se siente correr como un niño. Sin pensar, sin regular la velocidad. Solo correr con todas tus fuerzas» pensó.