Tomó sus pantalones. Se puso puso la playera que traía la noche anterior. Buscó su cartera en la habitación, sacó un par de billetes y los depositó en la mesa de noche. Se lavó la cara rápidamente y salió del lugar. Al llegar a la planta baja del hotel, pagó la habitación y se retiró caminando. No era fanático de los automóviles.
Con toda tranquilidad llegó a su casa, eran casi las 11 del día. Casi siempre llegaba a esa hora después de una noche así. Aunque intentaba hacerlo lo menos posible, no podía evitar comportarse de esa manera al menos una vez a la semana. Antes lo hacía todos los días.
Abrió el libro que había comenzado a leer desde que dejó de hacer eso todos los días y comenzó a leer el capítulo 17 «Cómo resistir la tentación a los dakimakura».