—¿Algo interesante en la clientela de hoy? —dijo Reíz mientras tocaba ligeramente el hombro de su compañero.
—Algo más curioso que nada. Al fondo, en la última mesa —dijo mientras apuntaba con la mirada— hay un señor algo grande y lo que se puede llamar su hija. Pero cuando vinieron al mostrador a ordenar la pizza, la niña lo llamó 'amigo especial'. Además, el hombre no parecía tratarla como su hija, era algo diferente. Aunque puede ser que solo esté imaginando cosas.
El lugar tenía pocas mesas y un gran mostrador. La mayoría de los clientes no comían ahí mismo su pizza, solo la ordenaban y se la llevaban. La mayor demanda del restaurante en realidad venía del servicio a domicilio. Una llamada, unos minutos después tienes una pizza caliente en la puerta de tu casa. Así que la plantilla del local estaba conformada por varios repartidores, un par en cocina y solo una persona en el mostrador.
—¿Qué me dices de ayer? Fue mi día libre. Estoy seguro que hubo un cliente digno de mención ayer —exclamó Raúl mientras observaba el restaurante. Su puesto estaba en el mostrador y tenía la obligación de estar siempre al servicio del cliente.
—Más que interesante, me dio algo de miedo. Fue hace dos días que sucedió, pero en ese entonces solo era alguien más ordenando pizza. Ayer volvió a pedir otra, pero todo fue exactamente igual al primer día. Mismo sabor, misma forma extraña de recibirla.
—¿Recibirla? ¿Era uno de esos que andan desnudos por su casa abrazando una de esas almohadas grandes con una imagen impresa?.
—No, de hecho hubiera preferido eso, ya me acostumbré a esa clase de clientes. Este arrojó el dinero por la ventana y me dijo que hiciera lo mismo con la pizza. Los dos días. Nunca le vi la cara. Por lo que pude observar de la casa, no habían muebles.
—¿Un ermitaño? Pero ¿Por qué no tendría muebles? —de repente se irguió y cambio la expresión de su rostro—. Espera Reíz, ya viene un cliente.
El cliente tenía un aspecto demacrado, la mirada perdida y una pausada forma de hablar. Como si pensara profundamente cada palabra antes de articularla.
—Quiero un libro —dijo finalmente.
—Disculpe señor, no vendemos libros. Solo pizza. —Dijo Raúl algo sorprendido mientras hacía el ademán de que revisaba la base de datos de ingredientes en su computadora. Sabía que no iba a encontrar 'Libro' ahí, pero era parte de su conducta casi automática con los clientes.
—En ese caso quiero una pizza de libro.
Raúl solo volteo la mirada hacia Reíz, este se encogió de hombros, se puso de nuevo con el cliente y exclamó.
—No tenemos ese ingrediente para la pizza.
—Entonces quisiera un libro sobre pizzas.
—Ya le dije que no vendemos libros.
El cliente, elevó la mirada hacia el techo lentamente. Hizo una profunda aspiración y luego exclamó.
—Déme una pizza sorpresa.
—¿Sorpresa? —dijo Raúl, más despistado que nunca— ¿Desea que yo elija el sabor de su pizza?
—Si, sorpresa.
Raúl tecleó un par de cosas en la computadora y con eso pasó la orden a la sección de cocina.
—Serían 150 créditos ¿Desea pagar en efectivo?.
El cliente solo metió la mano en uno de sus bolsillos, luego sacó un puñado de monedas y un par de billetes muy arrugados y los tiró sobre el mostrador. Acercando la mano demasiado a Raúl, quien se alejó ligeramente como acto reflejo. Luego fue a sentarse a una mesa, mientras miraba el mostrador.
—Este cliente y el tuyo del dinero en el piso se llevan el oro. —Dijo Raúl mientras se acercaba a Reíz.
Raúl entregó la pizza al extraño hombre, quien decidió sentarse en el local. Se quedó largo rato observando la caja que contenía la pizza. Ni siquiera la abrió. Hasta que Raúl le perdió la pista porque llegaron más clientes.
Al poco el hombre se acercó con la caja de pizza al mostrador y exclamó lentamente.
—Quisiera devolver esto.
—¿Hay algo de malo con su pizza? Si es así, estaremos gustosos de prepararle una nueva.
—No, no es eso. Solo la quiero devolver.
—¿Por qué? —dijo Raúl mientras tecleaba en la computadora 'Devolución de una pizza'.
—Ya terminé de leer la caja.