Los agentes de cobranza

Estaba sentado, tomando un vaso de agua. Escuchó el sonido de un automóvil estacionando enfrente de su casa. Están aquí.

 Un auto negro, brillante e imponente. Sin una sola mota de suciedad, llevaba a cuatro hombres que se bajaron del automóvil casi al mismo tiempo, haciendo ver que tenían mucha confianza en ellos mismos. Todos usaban lente negros y vestían un traje del mismo color, tan impoluto como el automóvil. Uno de ellos tocó a la puerta. Leonardo ya estaba del otro lado, pero decidió esperar un poco, no quería hacer saber a sus 'visitantes' que los estaba esperando.
 —¿En que puedo ayudarles? —Exclamó Leonardo desde el marco de su puerta.
 —Necesitamos hablar con el dueño de esta casa ¿Es usted? —Exclamó uno de los hombres mientras se quitaba las gafas. Su voz era trémula y sus ojos penetrantes.
 —Yo vivo aquí, pero no considero esta casa como mi mascota, así que no creo ser su dueño.
 El hombre arqueó una ceja, giro su cabeza para ver a los demás hombres vestidos de negro, un par de ellos se quitaron las gafas. Más tarde continuó.
 —¿Es usted Leonardo Aruan? —Preguntó mientras sacaba un par de hojas de uno de los bolsillos del saco.
 —Ese es el nombre que mi padre me puso.
 —¿Vive en esta casa? —Preguntó el hombre vestido de negro, sabía la respuesta pero solo quería asegurarse de que no estuviera cometiendo un error.
 —¿Qué quiere? ¿Qué no ve que estoy muy ocupado admirando mi colección de imanes para refrigerador? En vez de andar preguntando tonterías dígame de una buena vez lo que quiere —Exclamó Leonardo alterado y moviendo las manos para resaltar cada palabra.
 —Necesitamos pasar, de esta forma hablaremos más calmadamente.
 —No, si los dejo pasar estarán más cerca de mi muy preciada colección de imanes para refrigerador.
 —Disculpe el asunto no es ese. Si nos permite pasar le aseguramos que terminaremos esto rápido.
 —Pues dígame lo que quiere aquí mismo. Yo creo que ustedes solo quieren pasar para robarme mi muy preciada colección de imanes para refrigerador.
 El hombre vestido de negro se alejó un momento de la puerta, masculló unas palabras a los otros y prosiguió hablando con Leonardo.
 —Es un asunto muy importante, es necesario que nos permita pasar.
 —Usted —dijo Leonardo mientras apuntaba al hombre con el dedo índice al hombre— No me agrada en lo más mínimo. Viene a mi casa, me dice que quiere pasar sin identificarse y lo peor de todo es que se quiere robar mi muy preciada colección de imanes para refrigerador.
 Uno de los hombres vestidos de negro que observaba la escena no pudo evitar pensar —Este y su colección de imanes.
 —Somos agentes de una compañía, venimos a… —El hombre hizo una pausa, sabía que las personas morosas no dejaban pasar a nadie que se identificara como Agente de cobranza, sabía que esas personas se inventaban cualquier tontería con tal de evitar pagar. Tal vez todo esto fuera una charada de parte de Leonardo.
 —No me agradan, ninguno de ustedes —Dijo Leonardo— ¿Saben lo que voy hacer? Voy a cerrar esta puerta, voy a esconder mi muy preciada colección de imanes para refrigerador en una caja debajo de mi cama… ups. Y voy hacerme un sandwich de jamón. Así que la próxima vez que quieran venir y pasar a mi casa, tengan por seguro que no se podrán hacer con mi colección de imanes.
 Los hombres se retiraron en silencio y con la misma efectividad que llegaron se fueron.

Leonardo estaba una vez más en la cocina, abrió su blanco refrigerador, en el que no había ni un solo imán, se sirvió un vaso de agua y pensó.
 —Un día más, unos agentes de cobranza menos.