Megumi Sares caminaba a lado de su hermano, siempre iban juntos a la escuela, se sentaban uno al lado del otro, tomaban el receso tranquilos comiendo uno al lado del otro. Rara vez hablaban con el resto del grupo. No lo hacían por temor, simplemente se sentían muy cómodos sintiendo la compañía del otro.
—¿Te tocó atender a papi ayer en la noche? —Dijo Leo Sares mientras comía su sandwich con mucha tranquilidad. Nadie hacía mejores sandwiches que Megumi.
—Me dejó muy manchada, así que tuve que bañarme justo después de terminar.
En ese momento Leo cambió el semblante, había visto demasiado para un niño de 9 años, era capaz de adoptar la actitud de un adulto.
—He oído que eso que hace papi está mal —Dijo con tono serio.
—¿Por qué habría de ser malo? A mi me hace sentir bien, me gusta. ¿A ti no?.
—¡Claro que me gusta! —Se apresuró en contestar Leo, por un instante tenía ese brillo de inocencia digno de un niño.
—¿Entonces por qué dices que es malo? Papi siempre nos está cuidando, nos da dinero, nos hace sentir bien. ¡A los dos! —Declaró triunfante con esa dulce voz que solo las niñas de 9 años tienen.
—Pero… pero…
-No puedes hablar así de una persona tan buena como es papi. El mismo nos lo dijo. Si se siente tan bien ¿Por qué debería de ser malo?.
—Pero en clase nos han dicho que esas cosas —titubeó al recordar el nombre— esas cosas llamadas drogas te hacen sentir bien pero son malas.
—Pero esto no es una droga, es papi. Es el sabor de papi, además el ha dicho, me ha dicho que tengo un gran sabor.
—A mi también me lo ha dicho.
—¡Pero yo tengo mejor sabor! —Exclamó Megumi mientras se paraba.
—¡No, yo tengo mejor sabor! —Dijo Leo mientras sacaba el pecho orgulloso y se hacía el alto.
En ese momento sonó la campana, era hora de volver a clase.
—Ya deja de decir eso Leo.
—Pero no puedo evitar pensar que sea algo malo. Además, tu estuviste en la clase de hoy. Describieron algo que hacemos con papi, incluso entre nosotros, pero la maestra dijo que eso solo lo hacían los adultos. —Dijo Leo preocupado mientras caminaba al lado de Megumi.
—Papi es un adulto — Murmuró Megumi, con los cachetes apretados y mirando hacia el suelo, sentía que Leo tenía algo de razón.
—¡Pero nosotros no! No importa que tan bien se sienta. Me gusta jugar con tus cositas pero está mal que lo hagamos con papi, solo deberíamos hacerlo entre nosotros.
—Papi… papi no va a querer.
—Solo hay que decírselo. Estoy seguro de que va a entender, papi es un adulto, como tu dijiste, los adultos entienden.
—Está bien —Declaró finalmente Megumi— Pero hay que jugar una última vez con el. Los dos juntos. Al llegar tomaremos un baño y lo esperaremos en la puerta sin ropa, hoy papi llega tarde.
Al siguiente día los niños Sares no asistieron a su clase.