—¿Cómo te fue en el trabajo ayer? Últimamente vuelves muy tarde y llegas directamente a dormir, solo puedo verte la cara por las mañanas.
Exclamó la madre de Amara Eilen mientras untaba un poco de miel en un pan tostado.
—Trabajo es trabajo, todo igual que siempre —Dijo Amara mientras se servía un poco de café y se sentaba en la mesa frente a su madre.
—¿Sabes qué día es hoy?.
—Otro día más de ir al trabajo —Contestó Amara sin siquiera mover los ojos de su taza de café. Dio un sorbo y continuó— Tengo que irme mamá. Si me quedo platicando llegaré tarde al trabajo.
Erika Eilen, aún con las arrugas y esos ojos cansados y tristes, se paró rápidamente de la mesa y exclamó a la espalda de su hija que se enfilaba lentamente a la puerta.
—¡Es el aniversario de tu padre ¿No vas a visitarlo?!.
—Tengo trabajo —Dijo esto mientras cerraba la puerta con fuerza, simplemente no pudo evitar azotarla, siempre que pensaba en su padre sentía como todos los músculos del cuerpo se tensaban.
Esa era la respuesta que Erika recibía siempre, sabía perfectamente que esta vez no sería una excepción. Pero por años había soportado esas mañanas llenas de un ambiente hostil y tristeza. Todo por su hija, quien después del suicidio de su padre se volvió más reservada. Igual que su padre.
Amara trabajaba en la misma empresa que trabajó su padre. A la salida, todos los años en el aniversario de su padre, pasaba por una heladería antes de llegar a casa. Hoy no era la excepción.
Amara estaba en casa, era de noche y una terrible lluvia adornaba el ambiente. En ese momento Erika entró por la puerta principal.
—¡¿Por qué no le muestras tus respetos a tu padre?! —Estaba empapada y tenía los ojos hinchados y rojos, parecía haber estado llorando, con la lluvia era difícil saber si lo seguía haciendo— ¡Ya pasaron 15 años! Tu padre no está con nosotras, tienes que aceptarlo.
—No le debo nada a ese hombre —Exclamó lentamente Amara mientras se paraba del sofá.
—Tu padre luchó por nosotras, en ese corto tiempo que estuvo contigo. ¿Sabes lo que siente una mujer cuando pierde al hombre al que le juró amor? —Exclamó Erika mientras se desplomaba en el suelo, simplemente no podía contenerse, sentía como algo que había estado dentro de ella salía con fuerza. Era incontrolable.
—Ni siquiera sabes por que ese hombre su suicidó. Pudiste haberlo amado pero no lo sabías todo sobre el.
En ese momento Erika se puso de pie bruscamente y se acercó con gran velocidad a su hija —No sé por que lo hizo, pero parece que tu también estás buscando hacer lo mismo. Eres igual que tu padre, eres igual a Egmont –Dijo mientras la agitaba con fuerza, tenía las manos en los hombros de su hija y ambas sentían el miedo en ellas– Tienes la misma actitud, los mismos hábitos e incluso trabajas en la misma empresa, con el mismo puesto… No quiero perderte Amara.
—Mamá… Papá —Por un momento se le hizo un nudo en la garganta, hace 15 años que no usaba esa palabra— Egmont Eilen no se suicidó por el trabajo. Todos los días el me llevaba a la escuela. Nunca tuvimos un automóvil en ese entonces, así que íbamos caminando. Pero todos los días nos deteníamos en un callejón, donde me hacía desvestirme, quitarme esos moños del cabello que con tanto cariño me hacías todos los días. Tu siempre me reñías cuando volvía de la escuela por que no los tenía, pero no te podía decir que era Egmont quien me hacía quitármelos, junto con cualquier cosa que vistiera. Todos los días parábamos en ese callejón y veía otra cara de mi padre, una cara que nunca mostraba cuando estaba contigo.
—¡Como puedes decir eso de tu padre! Es imposible que Egmont, el hombre que juró amarme, hiciera eso con su hija. —Erika sintió como un calor le invadía todo el cuerpo, no podía creer lo que Amara decía. Sin pensarlo arrojó a su hija al suelo. Salió de la casa, aun con la tremenda lluvia. Dejó la puerta abierta.