—Disculpe ¿Dónde están los libros de Física cuántica? —Exclamó Fabio Calone mientras tocaba ligeramente el hombro de uno de los dependientes de la librería. Acostumbraba leer pero era la primera vez que iba a esa gran tienda. Una nueva librería de varios pisos, presumiblemente con toda clase de títulos, al menos eso es lo que le habían dicho sus amigos.
—Los libros de superación personal están en el segundo piso —Respondió el empleado mientras se giraba para ver el rostro de Fabio.
—Eh… No, solo estoy buscando libros sobre Física cuántica.
—Los libros de superación personal están en el segundo piso, todo el segundo piso está dedicado a eso. Pero si tanto insiste con sus libros sobre Física cuántica —Dijo mientras resaltaba estas dos últimas palabras de manera sarcástica— Los puede encontrar al fondo, junto a los libros de vampiros.
—Gracias… —Contestó Fabio algo nervioso.
—Aquí no juzgamos a nadie —Dijo en voz baja el empleado mientras Fabio se alejaba.
Ciertamente, los libros de Física cuántica estaban a un lado de los de vampiros. Un muro enorme lleno de libros con portadas negras con un toque de rojo, al pie de este gran muro había un pequeño estante que tenía a lo mucho cinco libros sobre Física cuántica. Y todos eran libros viejos y gastados.
A Fabio no le importaba el estado de los libros mientras fuera aun inteligible. Revisó los libros uno por uno, tocándolos, sintiendo sus hojas y sus gruesas portadas. Después de unos minutos se dio por vencido, simplemente ya había leído los pocos que vendían en esa gran tienda. Comenzó a echar un vistazo al lugar, buscando otros libros que le pudieran interesar.
—Bonita selección tenemos. Solo dígame que libros sobre vampiros le interesan y yo se los alcanzo —Dijo un empleado que se apareció de la nada.
—¿Eh? ¿Qué? —Balbuceo Fabio sorprendido, no pudo percibir a esa otra persona acercarse— Disculpe, pero no estoy buscando libros sobre vampiros.
—¿Cómo no? Si está aquí, en el rincón de libros sobre vampiros.
—Si, pero en realidad vine a ver los libros sobre Física cuántica.
—Claro, como no —Dijo el empleado mientras se encogía de hombros— Mire, solo dígame cual es el libro sobre vampiros que quiere comprar y yo mismo lo llevo a la caja. Nadie se tiene que enterar, usted solo paga y se lo dan en una bolsa negra.
—En serio, no quiero un libro de esa clase. No me gustan.
—A todos les gustan los libros de vampiros, muy dentro de todos nosotros hay una princesa que espera sentir el cálido beso de un vampiro.
—Le repito, en serio no me interesa esa clase de libros.
El empleado se retiró lentamente. Fabio siguió echando un vistazo a la tienda, pensaba que los empleados eran algo persistentes, a lo mejor amaban bastante el tipo de libros que con tanto ahínco recomendaban.
Vio que en una esquina del lugar estaban las novelas eróticas, pensó que hace mucho que no leía una, así que se acercó al muro lleno de libros con cintas amarillas con la leyenda '+18' y 'Solo adultos'. Tomó uno al azar y comenzó a hojearlo. Notó que todas las hojas estaban en blanco, siguió hojeando y encontró una que decía en grande 'Los libros de superación personal están en el segundo piso'.
—¡¿Qué rayos?! —No pudo evitar exclamar Fabio. Su pequeño exabrupto provocó que un empleado se acercara a el.
—¿Que sucede? ¿Le podemos servir en algo? —Dijo gentilmente el diligente hombre.
—No, nada —Fabio titubeó— Bueno, ¿este libro es de la tienda?.
El empleado tomó el libro, lo hojeó un par de veces y dijo —Los libros de superación personal están en el segundo piso.
—Ya lo sé, gracias. Desde que llegué fue lo primero que me dijeron ¿Acaso tengo cara de que me gustan los libros de superación personal?
—Si, lo tiene escrito en toda la frente.
—¿Por qué hay un libro así en el rincón de las novelas eróticas? —Dijo Fabio obviando el comentario del empleado.
—De hecho, no vendemos novelas eróticas. Todos los libros en este rincón son de superación personal y algunos como el que encontró, dicen donde se pueden encontrar más libros de esta clase.
»Verá, algunos de nuestros clientes sienten vergüenza al preguntar sobre libros de superación personal, incluso al pagar con los empleados. Temen que los juzguemos. Pero en esta librería pensamos que cada quien es libre de leer cuantos libros de superación personal quiera. Es por eso que tomamos un par de medidas para que nuestros clientes se sientan más cómodos al comprar su ración semanal de libros. El segundo piso está escondido a la vista de transeúntes, además de que no tiene ventanas. Los empleados de la entrada tienen la obligación de decirle a todo aquel que cliente donde están los muy necesarios libros de superación personal, aunque el cliente no pregunte. Aun así, algunos sienten vergüenza de subir, es por eso que disfrazamos esta esquina de novelas eróticas, cuando en realidad todos son libros de superación personal.
—Me está diciendo que hay personas que sienten menos vergüenza de leer esta clase de novelas que ser vistos leyendo algo sobre superación personal.
—Así es.