La promesa de Emilio

—¡Te detesto! —Gritó mientras cerraba los ojos y los puños. Liri se fue corriendo a su habitación y cerró la puerta. Emilio, su padre, se quedó ahí parado. Era la primera vez que escuchaba eso de Liri, antes habían peleado pero nunca de esa manera.
 —¿Por qué papi tiene que romper sus promesas? —Dijo Liri mientras sollozaba, sostenía a un oso de peluche en sus manos, el oso de peluche que Emilio le había regalado hace un par de años así que ya estaba algo sucio y dañado. Pero aun así Liri le tenía un cariño especial.
 —Dígame señor Osito —Dijo mientras alzaba el juguete en el aire— ¿Por qué no todo puede ser feliz todo el tiempo? Papi siempre está ahí cuando lo necesito. Siempre jugamos los dos juntos. Me enseñó a defenderme de los niños malos que se burlan de que no tengo mami. Pero ¿Por qué papi no pudo cumplir su promesa de jugar conmigo este fin de semana? Siempre lo hacemos, es… —Hizo una pausa para secarse las lágrimas con el brazo— es su obligación siempre jugar conmigo los fines de semana.
 —Disculpa Liri —Dijo Emilio mientras se sentaba recargando su espalda en la puerta de la habitación. Había estado ahí afuera escuchando todo, pero no había intentado entrar por que sabía que su hija necesitaba pasar un momento sola. Así que continuó hablando desde el otro lado de la puerta— Es mi culpa.
 —Déjame —Dijo Liri mientras abrazaba con fuerza al señor Osito— Me mentiste. ¿Por qué rompes mi promesa conmigo? Si se supone que soy tu hija, y tu me has dicho que me quieres mucho y que siempre soy primero para ti. En cambio, le hiciste una promesa a algún desconocido de tu trabajo y a el si se la cumples.
 —Escucha Liri. Son estos pequeños roces los que hacen a las personas.
 Liri escuchaba desde el otro lado de la puerta. Ni siquiera había volteado a verla, solo abrazaba con fuerza al señor Osito.
 —Cuando tu haces amigos, inevitablemente los vas a lastimar. Siempre será por accidente, porque a los amigos nunca se hiere a propósito. No, de lo contrario no serían tus amigos.
 —Si son mis amigos, entonces ¿Por qué los lastimo? ¿Eso no haría que quisieran dejar de ser mis amigos?
 —No, Liri —Contestó Emilio mientras se paraba lentamente y le hablaba a la blanca puerta de madera— Al contrario, esas pequeñas heridas harán que quieran ser más tus amigos. Cuando convives con alguien, lo lastimas levemente, ya sea mintiéndole o no cumpliendo promesas, pero cuando le demuestras a esa persona cercana a ti que realmente lo sientes, es cuando ese lazo entre los dos se hace más fuerte.
 »Si alguien viviera sin amigos, sin convivir con otras personas. No sufriría las pequeñas heridas de las que te hablo. Pero su dolor sería mayor. Por que tendría una profunda y gran herida. El no poder hablar con alguien más, no poder compartir con un amigo, no poder llorar y reír con alguien más.
 —Papi… ¿te sientes mal por haberme mentido?
 —Si, Liri. Me siento muy mal. Quiero disculparme… —Antes de que pudiera terminar Liri abrió la puerta de su habitación y abrazó las piernas de su padre.
 —No te preocupes papi, no te sientas mal por mi culpa.