Se volvió, ahí estaba, sentado y con la vista clavada en Sergio. Raúl se paró lentamente, sin quitar los ojos del rostro de Sergio, se acercó a el y colocó una mano sobre su hombro.
—Tenemos que hacer esto, de inmediato, si lo pensamos más solo dejaremos ir la oportunidad —Exclamó Raúl lentamente.
—Conoces el riesgo, pero parece que no te importa —contestó Sergio, hablaba más rápido y con un tono mucho más alterado.
—No es que no me importe. Pero es peor quedarse a hacer nada y que no pase nada, a intentar algo y arriesgarse. Experimentar, ya sea algo bueno o malo la resultante. Lo peor que te puede pasar es nada, porque nada es peor que algo.
—Solo pensar en que puede ser la última vez que estemos juntos me aterra. Sabes que esto está lleno de peligros. No importa que tanto nos preparemos, siempre puede surgir algo inesperado —Sergio se alteraba cada vez más y su ritmo de voz empezaba a perder sentido.
—«Siempre puede pasar algo inesperado» es cierto. Tu mismo lo dijiste. ¿Qué no es posible que al intentar algo tan común como cocinar uno muera de repente por que la estufa estalló al encenderla? ¿Acaso no es posible caer por las escaleras y terminar con el cuello torcido? ¿Es tonto pensar que puedes perder la vista al leer un libro mientras uno está acostado boca arriba? Se te podría caer en la cara mientras lo tienes abierto y el fino corte de las hojas penetraría en tus ojos. Tu mismo lo dijiste, siempre puede pasar algo malo, pero eso no nos detiene. Porque si lo hiciera, la humanidad no podría erguirse orgullosa de lo que ha logrado a pesar del peligro.
—Raúl —Sergio desvió la mirada por un momento. Hizo una larga pausa y luego decidido clavó la mirada en Raúl— Hagámoslo.
Raúl se acercó al mostrador mientras sacaba su cartera.
—Señorita —Exclamó decidido— Queremos inscribirnos en la Universidad.
—¿Que carrera les interesa? —Contestó ella amablemente.
—¡Diseño gráfico!.