La maleta azul de Elina

Tomó una pequeña caja de madera y su maleta. Cerró todas las puertas y ventanas. Tomó las llaves y las guardó en su pantalón. Pidió un taxi y le dijo discretamente al chofer.
 —Al aeropuerto.
 Observaba el camino y mientras el automóvil se movía hábilmente entre el tráfico. Pensaba que ese era un gran paso para el, aun así el resto del mundo se seguía moviendo como lo hizo ayer, sin siquiera notarlo.
 Bajó del taxi, sacó su maleta y su pequeña caja de madera. Pagó y dio las gracias. Se quedó en la entrada del aeropuerto por unos minutos, tenía que prepararse, tenía que actuar normalmente. Esta misión encomendada especialmente para el, tenía que hacerse de manera rápida y eficiente. Lo que pasara después sería asunto del resto de la organización.
 —Yo soy solo un peón, pero hasta el sutil movimiento de un peón tiene un efecto en todo el tablero. —Se decía a si mismo mientras cruzaba por la puerta automática del aeropuerto.

 —Disculpe ¿Ha visto una maleta azul con una etiqueta con mi nombre? —Le preguntó una joven mujer al hombre, este se sobresaltó y contestó intentando calmarse.
 —No he visto ninguna, pero si me dice su nombre le puedo ser de más ayuda, así sabré que cualquier maleta azul con ese nombre que llegue a ver, será suya.
 —Oh, claro —se apenó la joven mujer, mientras se quitaba sutilmente un mechón de cabello lacio de la cara contestó—. Mi nombre es Elina Caras. En la maleta, la etiqueta se puede encontrar pegada a un cierre en la parte superior. Ahí tiene mi nombre completo.
 —Elina Caras —repitió el hombre de la caja de madera en una mano—. Lo tendré en cuenta.
 El hombre continuó su camino, de la misma manera continuó Elina buscando por todos lados.

 El hombre se acercó a una pequeña tienda, compró un par de dulces y tiró discretamente el empaque junto con la caja de madera a la basura. Acto seguido fue al otro lado del aeropuerto y se sentó en una de las salas de espera. A lado había una maleta abandonada, era azul y tenía una etiqueta con el nombre 'Elina Caras' en ella. El hombre sonrió y se dijo a si mismo.
 —Me parece que he encontrado la maleta de esa chica. Lastima que ella no podrá encontrarla.
 Abrió su propia maleta, dentro había muchos cables y un extraño dispositivo. Empezó a tocar unos botones y de repente gritó.
 —¡Qué tengan buen viaje!.

 Elina Caras estaba en el restaurante enfrente del aeropuerto, hablaba en la entrada con uno de los meseros.
 —Disculpe ¿Nadie ha dejado una maleta azul olvidada? Lo que sucede es que perdí la mía y ya llevo un par de horas buscándola.
 —Encontramos una maleta, pero no es azul…
 En ese momento se escuchó un tremendo estruendo. Elina y el mesero se giraron hacia el aeropuerto y vieron como dos explosiones, en lados opuestos del mismo, destruían por completo la estructura.
 —¿Por qué siempre me sucede esto a mi?. —Se dijo Elina.