El club del pastel

—Fue Leo, es más que obvio que fue el. —Dijo terminantemente Hanz.
 —No puedes acusarme sin tener pruebas. —Replicó Leo.
 —¡Señores! —interrumpió Ceral—. No ganamos nada acusándonos sin más. Primero tenemos que analizar la situación y descubrir al culpable de manera razonable. De lo contrario podemos arruinar lo que tenemos aquí.
 —Adelante, dinos la situación, ya que te ves tan confiado de no haber sido tu— agregó Hanz.
 —Bien —aclaró la garganta ligeramente— es más que obvio que uno de nosotros está mintiendo. Porque tenemos un pastel frente a nosotros con solo 7 rebanadas.
 »Sería incorrecto descartar a alguno de nosotros de manera inmediata, ya que no es cumpleaños de nadie. Y ninguna fecha similar se encuentra cerca. Así que, antes de empezar la indagación quisiera que aquel que fuese el culpable, confesara. Si no confiesa, y al final se le descubre, se le negará el acceso a la rebanada de pastel de esta semana. Y quedará vetado de nuestras deliciosas fiestas de pastel de las siguientes 4 semanas.
 Todos guardaron silencio.
 —Ahí lo tienes Ceral —dijo Hanz mientras colocaba las manos sobre la mesa y enredaba los dedos— el culpable no está dispuesto a declarar. Se hartó de esperar una semana para comer pastel, así que decidió tomarla pasando por alto las reglas.
 —Ciertamente Hanz —dijo Ceral con tono taciturno—. Entonces comencemos estudiando la situación desde el momento en el que el pastel todavía tenía 8 rebanadas.

 —Reafirmemos: ¿Quién trajo el pastel?.
 —Yo fui —contestó Jerál mientras alzaba la mano tímidamente—. Lo recogí en la pastelería, abrí la caja para ver el estado del pastel, lo coloqué en el portapasteles de mi automóvil y me vine directo a la casa de Leo. Fue cuando me encontré con Rod.
 »Rod ya estaba en la mesa, nadie más había llegado. Así que el me ayudó a sacar el pastel con cuidado de la caja y servirlo en el plato especial para pasteles que usamos cada semana.
 —Entonces Rod puede confirmar que efectivamente había 8 rebanadas de pastel cuando tu lo trajiste —aclaró Ceral.
 Todos voltearon a ver al pequeño Rod. Su estatura dejaba mucho que desear, pero fue uno de los fundadores de ese club de pasteles, además de que siempre era el primero en llegar.
 —Si, cuando servimos el pastel en el plato, efectivamente había 8 rebanadas.
 —Espera un momento Ceral —interrumpió Hanz mientras se paraba de la mesa—. No podemos confiar en la palabra de Rod y Jerál. Ambos pudieron haberse aliado, y así conseguir una rebanada extra de pastel.
 —Te equivocas, Hanz —dijo una voz profunda mientras le hacía el ademán de sentarse a Hanz—. Yo fui el tercero en llegar. Y vi las 8 rebanadas. Es imposible que nosotros tres hayamos formado una alianza, por que como orgullosos miembros del club del pastel, sabemos que es un insulto partir en 3 una rebanada.
 Hanz se sentó lentamente mientras refunfuñaba por el espléndido argumento de Carl.
 —Ya tenemos algo claro —dijo Ceral—. Al menos sabemos hasta donde había 8 rebanadas de pastel.
 —¿Quién fue el cuarto en llegar? —preguntó Carl.
 —Ese sería nuestro amigo que no para de hacer acusaciones —dijo Ceral mientras giraba la cabeza hacia Hanz.
 —Yo fui el cuarto en arribar. Todavía había 8 rebanadas en ese entonces. Si no me creen, pueden confirmarlo con Rod, Jerál y Carl.
 Los tres hombres movieron la cabeza ligeramente en tono de afirmación.
 —Eso hace que yo fuese el quinto en llegar —continuó Ceral—. Pero no llegué a la mesa directamente como todos ustedes. Primero tomé prestado el baño del anfitrión.
 —Ya se los dije —irrumpió Hanz— Leo es el culpable. Es su casa. Ya estaba aquí antes que todos, pero no se le vio realmente hasta que Ceral llegó. ¿Por qué no se le vería hasta el final si es su propia casa?
 —Te equivocas Hanz. Estuve buscando los cubiertos y platos en la bodega todo este tiempo. Como miembro del club del pastel, no puedo permitir que se use cualquier plato y juego de cubiertos para disfrutar de este delicioso postre. Tengo un juego especial reservado para estas ocasiones, así como todos los miembros del club en sus propias casas.
 —Ciertamente, todos tenemos un juego de cubiertos exclusivo para estas ocasiones —agregó Ceral—. Pero dejemos de hacer acusaciones en vaivén. Hemos llegado al punto importante. Una vez que yo terminé de usar al baño, me vine directo a la mesa. Fue cuando notamos que solo había 7 rebanadas de pastel. Para ese entonces, Leo todavía no había llegado a la mesa. Así que el culpable profanó e insultó los ideales de este club, no solo al robar una rebanada, lo que es peor, sino al comerla con las manos desnudas.
 —Terrible —agregaron algunos.
 —No puedo siquiera pensar en que haya usado un plato que no es específico para pasteles —dijo Ceral finalmente.

 —Entonces podemos cerrar el círculo de culpables —agregó Leo—. Ya que Ceral y su servidor, no estábamos para cuando ocurrió el siniestro. Lo que deja a Rod, Jerál, Carl y Hanz como posibles perpetradores.
 —Te equivocas —se apresuró en agregar Rod—. Como fundador…
 —Cofundador —agregó Carl.
 —Como cofundador —prosiguió Rod— yo nunca cometería semejante insulto al pastel semanal.
 —No puedes usar esa carta —dijo Ceral—. Todos tenemos nuestro honor y orgullo como miembros de este club. Si lo vemos de esa forma, ninguno de nosotros pudo haber sido.
 —Aun así, hay alguien aquí que carece de honor, debería de cometer seppuku mientras hablamos —agregó Hanz casi gritando.
 Todos guardaron un momentáneo silencio. Se miraron las caras y Ceral continuó.
 —Suena conveniente, pero el punto de Leo es correcto. Eso deja a Rod, Jerál, Carl y Hanz en el punto de la mira.
 —No lo parece, pero yo me retiré por unos minutos de la mesa —dijo Jerál mientras levantaba el tono de voz poco a poco para hacerse notar—. Estaba preocupado porque Leo no había llegado a la mesa, así que lo fui a buscar. No lo encontré, ciertamente pueden decir que esto es mentira, pero si me topé con su hermana, quien puede confirmar que anduve deambulando por la casa en busca del anfitrión.
 —¿Y cuando volviste notaste que faltaba una rebanada de pastel? —preguntó Ceral.
 —No, cuando volví, noté que tu venías a la habitación, ya que la puerta estaba abierta y pude ver como salías del baño. En ningún momento percibí el pastel.
 —Rod, Carl ¿Es cierto que Jerál se paró de la mesa? —preguntó Leo.
 —Si, no mencionó lo que se disponía hacer, pero si se alejó de la mesa por escasos minutos —confirmó Rod.
 —Si tomamos en cuenta la confirmación de la hermana de Leo —agregó Ceral— esto deja fuera a Jerál. Lo que nos queda es escuchar a Rod, Carl y Hanz.
 Los tres se movieron incómodamente en sus sillas.
 —Si alguien tiene la culpa aquí, soy yo —dijo Hanz finalmente—. No tengo honor como miembro del club del pastel. Ya que estuve en la mesa desde que llegué, pero como notarán mi posición en la habitación, desde aquí puedo ver la habitación de la hermana de Leo. Y en vez de fijar mi mirada en este delicioso manjar, estuve espiando la habitación de su hermana todo el tiempo.
 Rod y Carl fueron la presa de todas las miradas esta vez. Entonces Carl tomó la palabra.
 —Yo también me paré por unos segundos, pero no salí del todo de la habitación, me acerqué a la puerta abierta para ver que estaba haciendo Jerál.
 —Solo Rod puede confirmar esto —dijo Ceral mientras le clavaba la mirada.
 —Ahora que todos tienen alguna coartada, parezco el culpable.
 »Es cierto, Carl se paró por escasos segundos, noté que se acercó al marco de la puerta. En ese entonces, solo yo estaba a la mesa, estrictamente hablando. Tengo mi honor como fundador…
 —Cofundador —agregó alguien.
 —Cofundador de este club. Así que no pude haber tomado la rebanada de pastel. De hecho, yo fui el único que mantuvo la mirada en el pastel todo el tiempo. No —se corrigió— hubo un instante en que le perdí la pista. Fue justo cuando Carl volvió a la mesa. Jerál unos segundos después. Hanz dejó su mirada de pervertido y posó los ojos en el pastel. Luego llegó Ceral del baño, y al final Leo. Fue en ese instante que sucedió.
 Todos se acercaron ligeramente a Rod mientras este hablaba.
 —La hermana de Leo se acercó, usaba ropa muy ligera, mucho muy ligera. No pude evitar mirarla. Fue en ese instante que se retiró antes de que todos los demás la notaran. Fue ahí cuando todos llegaron.
 —Estás diciendo disparates —farfulló Hanz—. Todos sabemos que la hermana de Leo gusta de usar ropa ligera, incluso sin sostén.
 —Están hablando de mi hermana —dijo Leo.
 —Pero aun así, nadie puede confirmar que la sensual hermana de Leo haya llegado a la habitación.
 —Siguen hablando de mi hermana —dijo Leo nuevamente.
 —Es solo una mentira para encubrir que tu te comiste el pastel —dijo finalmente Hanz.
 —Ciertamente Rod —agregó Ceral mientras todos posaban sus miradas en el pequeño cuerpo que tenía Rod— nadie puede confirmar que la hermana de Leo, quien es tan deliciosa de ver como un pastel, haya llegado a la habitación.
 —Ya dejen de hablar así de mi hermana —dijo Leo molesto.
 —Aun si hubiese llegado, nunca señalaste que tomó una rebanada de pastel —siguió Ceral— con un cuerpo así, no puede darse el lujo de comer pastel cada que se le antoja.
 —Bola de pervertidos —dijo Leo.
 Hanz se paró rápidamente de la mesa y dijo.
 —Tengo una idea. Para confirmar la coartada de Rod, solo es necesario que todos vayamos a ver el cuerpo de la hermana de Leo… digo, a hablar con la hermana de Leo. Ella nos podrá decir si en realidad visitó la habitación. De lo contrario, Rod es culpable y estará vetado. Lo que significa más pastel para nosotros.
 —Ahora entiendo por que hacemos estas reuniones tan seguido en mi casa —dijo Leo mientras todos se paraban de la mesa.

 Llegaron a la habitación donde estaba la hermana de Leo viendo televisión. Se empujaron entre ellos y por fin Leo habló.
 —¿Tu fuiste a la habitación donde estaba el pastel hace unos minutos?.
 —Ah si —exclamó ella sin quitar la mirada de la pantalla— fui a tomar una rebanada. Como ustedes son 6 y el pastel trae 8 rebanadas, pensé que no habría problema.