Coel y el hambre

Un pantalón sucio, algo que se podría llamar playera, un cabello lleno de mugre y poco más de un metro de altura. Eso es lo que formaba a Coel. Estaba sentado en una esquina de la calle, como de costumbre, tenía hambre, no recordaba cuando fue la ultima vez que probó bocado. Por suerte no hacía frío, si no la pasaría peor. Cuando vives en la calle el frío solo trae malas noticias.
 Estaba ahí, viendo pasar a los transeúntes con bolsas de tiendas. Algunos llevaban una humilde bolsa con la imagen de alguna tienda de ropa, mientras que otros se paseaban torpemente con 5 o 6 bolsas de múltiples colores. Había un hombre cruzando la calle, enfilaba hacia Coel. Este notó que tenía un pan sobresaliendo de una de las bolsas de mercado. El hombre aceleró los últimos pasos mientras cruzaba la calle por que los autos ya estaban en movimiento. El saltito provocó que el pan se cayera de la bolsa y aterrizara en el suelo. Fue cuando Coel vio su oportunidad. Corrió hacia el pan y lo tomó. Le dio un mordisco de inmediato.
 —Guardaré el resto para los días siguientes —Pensó.
 En ese momento Coel sintió una pesada mano que lo agarraba con fuerza del hombro. Se giró y vio un hombre uniformado que tenía la mirada clavada en el y una sonrisa burlona. Forcejeando se llevó a Coel, el hombre era muy fuerte.

 —Yo solo quiero saber ¿Por qué robas? ¿Por qué tu gente roba? Si hay refugios donde el gobierno les da comida gratis. —Dijo el hombre sentado en su oficina mientras cruzaba las manos en frente de si. Estaba más relajado que antes.
 —No robé. Y no es mi gente. —Balbuceó Coel sin mirar directamente al oficial, su pequeño cuerpo se veía aun más débil sentado en esa gran silla dentro de la jefatura de policía.
 —Yo lo vi todo. Tomaste este pan —Señaló ligeramente la evidencia que descansaba en el escritorio— que no es tuyo. Eso es robar.
 —Si alguien tira a la basura un ventilador en buen estado y alguien más lo toma, entonces no es robar. Por qué el ventilador dejó de tener dueño cuando lo tiraron a la basura.
 —Claro, claro. Pero este pan no estaba en la basura, tiene un dueño. Un dueño que pagó por el.
 —Yo no tomé el pan directamente de la bolsa del hombre —Afirmó Coel— Lo único que hice fue recogerlo del suelo. El pan se volvió basura para el hombre por que tocó la sucia calle. Aunque lo recogiera y se lo intentara devolver, el dueño original ya no lo querría porque ya está sucio.
 El oficial se recostó en su silla y miró hacia arriba. ¿Como podría contraargumentar algo así? Ese niño era más listo de lo que esperaba.
 —Yo solo quería traerlo aquí para meterle un susto y que no lo volviera hacer. —Pensó el oficial— Es casi como un deber implícito de los agentes de policía educar a los niños de la calle. No podemos ser simplemente crueles y meterlos a prisión a todos. Muchas veces fingimos que lo hacemos, les metemos un susto o los rodeamos en la calle. Pero es solo por su bien.
 —Si no puede probar que he robado no tengo por que estar aquí —Exclamó Coel mientras alargaba la mano para tomar el pan.
 Las palabras del niño sacaron al oficial de sus pensamientos. Se volvió sentar como antes y exclamó.
 —Hagamos esto, te dejo ir si me prometes que la próxima que tengas hambre irás a un refugio especializado. Si no sabes donde hay uno, puedes preguntarme. Yo vigilo la calle donde generalmente estás sentado.
 —Lo sé. Lo he visto antes. Pero, en realidad, no tengo porque prometer algo, ya que usted no tiene la condición 'dejarme ir' ya que no estoy aquí bajo su poder. Solo estoy aquí por un malentendido. En otras palabras. Soy libre.
 —Tu siempre eres así —Dijo el hombre finalmente mientras sonreía.

 —¿Intentaste aprisionar al niño ese de la calle? —Le dijo un compañero.
 —Si, pero otra vez demostró su inocencia. Es cierto la leyenda de la jefatura de a policía. Ese niño es muy listo como para estar en la calle. Cuando crezca va a estar en los noticieros todo el tiempo.
 —O es tan listo que el único reto digno de el es vivir en la calle.